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La dueña de casa está barriendo las hojas del patio.
La muchacha con la que conversabas es dueña de aquella zapatería.
El cachorro lanzó una mirada lastimera a su dueña cuando vio que le iban a poner una vacuna.
Eres la dueña de tus palabras, pero una vez enunciadas, son ellas las que te gobiernan.
Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas como el pájaro duerme en las ramas, esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas! —¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz, como Lázaro, espera que le diga: «¡Levántate y anda!». (Gustavo Adolfo Bécquer)
Quiero que te sientas dueña de mi casa.
La perra está mordiendo a su dueña.
"Haré que este pueblo obtenga favor de los egipcios, de modo que cuando partáis, no salgáis con las manos vacías, sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la dueña de su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a vuestras hijas, y así despojaréis a los egipcios."
Todo el mundo lo sabía, excepto la señora dueña de la casa.
–¡Caramba carambola! –chilló la dueña del albergue presa de una emoción repentina–. ¿Dónde habéis encontrado estos doblones de oro?
Conocí a la dueña de la casa hace un año.
Soy dueña de mi vida.
Ni que fueras tú la dueña.
Desconocía que fueras dueña de una churrería.
La dueña de la tienda estaba tan quieta que la confundí con un maniquí.
Tomasa no era dueña de la alquería.