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¿Le pago a la dependienta?
- ¡Usted tiene un gusto caro! -exclamó la dependienta- ¿Está seguro de que no quiere mirar nuestras versiones más baratas primero?
-¿Usted querría comprar un traje? -la dependienta le preguntó a Dima, que trajo al entrar por la puerta el olor de la noche anterior.
En lo que le alcanzaba el traje, la dependienta se dio cuenta de las manchas de sangre en su camisa, y no pudo evitar quedarse mirándolas, en estado de shock.
-¿Pero no piensa que es un poco grande? -preguntó la dependienta.
- Bueno, -dijo la dependienta haciéndole una señal a Dima para que la siguiera hasta la caja registradora- entonces son 3.000.000,99.
- No -respondió la dependienta-. Estoy hablando en serio. Usted ya vio la etiqueta con el precio.
- Nuestro jefe insistió en que pusiéramos ese precio -le explicó la dependienta-. Pero bueno, usted no tiene por qué pagarme 0,99 en kopeks, puede pagar más si quiere.
—Me parece que el prefijo del Líbano es el 961 —dijo la dependienta.
—¿Y bien? —preguntó la dependienta impaciente una vez que Dima hubo terminado la llamada— ¿Ahora todo está listo?
—Bueno... —suspiró Dima, entonces se giró hacia la dependienta y le lanzó una mirada asesina— Supongo que ya no tengo elección...
La dependienta, preocupada, corrió y se arrodilló al lado de Dima, que respiraba de forma pesada y tenía la frente cubierta de sudor.
-¡El suelo está sucio! -le regañó la dependienta- ¡Todavía ni siquiera has pagado el traje, y ya lo estás ensuciando!
-¿Qué clase de sensación? -le preguntó la dependienta.
—¿Oraciones? —una vez más, la dependienta estaba confusa con las extrañas divagaciones de Dima.
-No -respondió la dependienta-. Estoy hablando en serio. Ya ha visto el precio en la etiqueta.
Mientras le traía el traje a Dima, la dependienta se percató de que tenía manchas de sangre en su camisa, y no pudo por menos que mirarlas fijamente con turbación.
La dependienta le miraba por el rabillo del ojo.
Aquella tienda es el paraíso de los caramelos y la dependienta es un bombón.