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Cuando era pequeño, me daban unos azotes cuando hacía algo malo.
A Napoleón Bonaparte le daban miedo los gatos negros.
Ellos sacrificaban el cerdo prohibido, y le daban muerte a todos los que se negaran a comer.
Tom aprendió a aceptar el amor que le daban sus padrastros.
Sentí que me daban de lado.
Sus familiares siempre me daban de comer.
Los vehículos saltaban frenéticamente y sus alarmas daban gritos de auxilio.
Quisiera recuperar aquellas pequeñas cosas que le daban sentido a nuestra vida juntos.
En el instituto se le daban bien las matemáticas.
El lugar al que fueron a parar era muy siniestro: era una casa con telarañas en las ventanas y suelo de parquet que crujía a cada paso que daban.
Daban lluvia para hoy.
Cuando aparecía de noche esta cometa todos los indios daban grandísimos alaridos y se espantaban, esperando que algún mal había de venir.
Ellos daban de comer a un perro negro y a uno blanco.
Después de girar de la carretera principal a un estrecho carril, tan densamente resguardado por árboles frondosos que le daban un aire de reclusión completo, llegamos a la vista de la cabaña.
Creí que se te daban bien las matemáticas.
Las novelas de Julio Verne casi daban las noticias del futuro.
Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: éstos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.
Pero como viera el faraón que le daban un respiro, se obstinó y no les hizo caso, tal como había predicho Yahvé.
No daban muestras de agrado.
En urgencias no daban abasto.
Alicia era una cincuentona de baja estatura y ojos risueños a la que le daban pavor las agujas.
El carromato aún conservaba restos de pintura colorida que daban fe de tiempos más alegres.
Sus frugales hábitos le daban un aspecto esquelético.
Pensé en pasarme por allí a ver si me daban información más precisa pero me temo que solo serviría para enredar la madeja aún más.
Además de la comida habitual, al perro le daban huesos enormes y duros que roía con fruición durante días.
A menudo le daban importancia a lo fútil.
Entre los dos comprábamos tebeos con la propina que nos daban cada sábado.
Dejé de ir al bar porque cada vez me daban más vergüenza ajena los comentarios cuñados del dueño.
No me daban garantías de que fuera a salir bien.
Los dos búhos se daban mimitos y arrumacos mutuamente.